-¡Así que te despertaste!- Un escalofrió me recorrió la espalda y las nauseas volvieron a recorrerme. Sentí algo frío rozarme y mi piel se erizo.
-¡Tu nos servirás muchísimo!- Ahora estaba frente a mi la camarera que nos atendió, me miraba muy seria con un cuchillo brillante y limpio entre sus manos, me puse a tiritar del miedo y ella sonrió.
-Bueno, pequeño asustadizo, ya que de esta no sales, te puedo explicar todo para que no mueras con la duda.
-¿Morir? Tenía que haber escuchado mal. Mo, mo, mo... ¿Morir?- tartamudie. Me empecé a hiperventilar del terror -No, estás loca. ¡¿Que te he echo?! ¡¡No me lo merezco!!-
-¡¡Ya cállate!!- Grito dejándome sorprendido. -Tu vas a ser parte de la lasaña. ¿No te encanta? Ser parte especial del menú... Y que todos puedan saborearte como el mejor de los manjares. ¡Es una oportunidad única en tu vida!
Y por lo que veo, tu no sólo serás parte de la lasaña. La piel de tu cara es perfecta para envolver manzanas asadas. Quedarían increíble, acarameladas en un palo.
Tus dedos serían de las mejores salchichas si los deshueso bien- Frotaba sus manos en un gesto casi psicópata y miraba a la nada poniéndome muy nervioso
-¡Hasta tus orejas me sirven! Bien secas y cortadas en trocitos pequeños serían un excelente condimento para cualquier plato.
Créeme, no te desaprovechare en absoluto. Tu quédate tranquilo.
Además, eres tan joven... ¡Eso será un beneficio para mi!
No envejeceré en bastante tiempo si como tu carne.
-¡No! ¡¡De que hablas psicopata asquerosa!! ¡Tu no me vas a hacer nada!- apenas dije eso sentí un golpe muy fuerte a un costado de mi cabeza.
-Ya me cansaste pequeño. Creo que es hora de empezar a cocinar- Se había calmado, pero seguía con la mirada perdida en cualquier parte.
Acercó el cuchillo a mi oreja e hizo un corte largo hasta la pera.
El grito que solté fue desgarrador.
El dolor era insoportable.
Retiró la piel de mi rostro dejándome sólo con el músculo sangriento al aire.
No podía dejar de gritar mientras cortaba distintas partes de mi cuerpo.
Hasta que sentí como todo se volvía negro... Rodeado por el fuerte olor a carne asada. Se me hizo agua la boca justo antes de morir.
-¡Tu nos servirás muchísimo!- Ahora estaba frente a mi la camarera que nos atendió, me miraba muy seria con un cuchillo brillante y limpio entre sus manos, me puse a tiritar del miedo y ella sonrió.
-Bueno, pequeño asustadizo, ya que de esta no sales, te puedo explicar todo para que no mueras con la duda.
-¿Morir? Tenía que haber escuchado mal. Mo, mo, mo... ¿Morir?- tartamudie. Me empecé a hiperventilar del terror -No, estás loca. ¡¿Que te he echo?! ¡¡No me lo merezco!!-
-¡¡Ya cállate!!- Grito dejándome sorprendido. -Tu vas a ser parte de la lasaña. ¿No te encanta? Ser parte especial del menú... Y que todos puedan saborearte como el mejor de los manjares. ¡Es una oportunidad única en tu vida!
Y por lo que veo, tu no sólo serás parte de la lasaña. La piel de tu cara es perfecta para envolver manzanas asadas. Quedarían increíble, acarameladas en un palo.
Tus dedos serían de las mejores salchichas si los deshueso bien- Frotaba sus manos en un gesto casi psicópata y miraba a la nada poniéndome muy nervioso
-¡Hasta tus orejas me sirven! Bien secas y cortadas en trocitos pequeños serían un excelente condimento para cualquier plato.
Créeme, no te desaprovechare en absoluto. Tu quédate tranquilo.
Además, eres tan joven... ¡Eso será un beneficio para mi!
No envejeceré en bastante tiempo si como tu carne.
-¡No! ¡¡De que hablas psicopata asquerosa!! ¡Tu no me vas a hacer nada!- apenas dije eso sentí un golpe muy fuerte a un costado de mi cabeza.
-Ya me cansaste pequeño. Creo que es hora de empezar a cocinar- Se había calmado, pero seguía con la mirada perdida en cualquier parte.
Acercó el cuchillo a mi oreja e hizo un corte largo hasta la pera.
El grito que solté fue desgarrador.
El dolor era insoportable.
Retiró la piel de mi rostro dejándome sólo con el músculo sangriento al aire.
No podía dejar de gritar mientras cortaba distintas partes de mi cuerpo.
Hasta que sentí como todo se volvía negro... Rodeado por el fuerte olor a carne asada. Se me hizo agua la boca justo antes de morir.

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