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domingo, 5 de enero de 2014

PESADILLA #30 ''LOS CUATRO LIBROS''

Consideraba a mi madre como una mujer muy perfecta, pues era muy hermosa y sería, pero sobretodo muy extraña, nunca la veía puesto que siempre desaparecía misteriosamente. Era la mayor de sus hijas, vivía con mis dos hermanas gemelas menores que yo y mi hermano más pequeño. Por cierto, mis hermanas no podían ver ya que no tenían ojos y mi pequeño hermano sufría de mutismo; a él siempre le gustaba esconderse de todos y desaparecía constantemente, lo encontraba en lugares algo... muy anormales como debajo de la cama o en el techo de la casa. Debido a que todos mis hermanos sufrían esas terribles discapacidades y nuestra madre nunca estaba con nosotros,  yo que era la mayor y la única que se encontraba perfectamente bien en condiciones tenía el deber de cuidarlos a todos. 




Mi vida parecía estar llena de complicaciones, por esta razón decidí buscar a mi madre, el sótano era el único lugar prohibido de la casa, y era muy tentador entrar allí pues solo ella podía hacerlo. En cuánto pude la seguí hasta allá, fué donde descubrí sus más oscuras intenciones... ¡Era una bruja! Eso explicaba muchas cosas; tan pronto como entré, se dió cuenta y me confesó que no les interesaba en los mas mínimo nuestras vidas, solo fuímos una obra de sus mas terribles y oscuros experimentos contra la magia negra, por eso planeó sacarle los ojos a mis hermanas ya que ellas podían ver seres sobrenaturales y le amputó la lengua a mi pequeño hermano puesto que sabia su maldito secreto, de ahí su conducta. Se echó una risa macabra -¡AHORA ACÉRCATE HIJA MÍA, SERÁS LA SIGUIENTE,  TE SACARÉ LOS OJOS Y TE COCERÉ LA BOCA, ASÍ NO VERÁS MÁS Y NO PODRÁS DECIRLE A NADIE LO QUE HABÉIS VISTO! Habló con una voz posesiva. Sin embargo, fué inútil pedir ayuda, no era lo suficientemente valiente como para enfrentarme a sus retorcidas intenciones, aún no sabia con quien me estaba enfrentando, pues ella confesó que tenía cuatro libros el cuál representaban nuestras almas inocentes; la de mis hermanas, la de nuestro pequeño hermano y finalmente la mía. Los tomó todos y los tiró al fuego despiadadamente, de mi cuerpo salían llamas, sentía como el fuego me consumía poco a poco, fué una muerta lenta y dolorosa, desde el sótano podía escuchar los gritos de sufrimiento de mis hermanas y la risa macabra de nuestra malvada madre. 

Mi pequeño hermano.

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