El cielo éra un poco nublado, algo... poco más de lo normal, la brisa del viento se estrellaba contra nuestros rostros. Éramos nueve; mis dos tíos, sus dos hijos, mis tres primas y por supuesto mi madre, quién no paraba de regañarme por todo el camino. Yo era la nueve, y al llegar a la cima más alta de la montaña, encontramos otros campistas qué también disfrutaban del viaje, decidierón acampar allí para presenciar la hermosa aurora boreal que se formaba por la noche
Al pasar un par de horas, el cielo empezó a tornarse gris... como sí una tormenta estuviera a punto de comenzar, el viento soplaba con más intensidad y las personas de allí comenzarón a gritar.
Así es, el infierno a penas comenzaba... una oleada de ''personas'' se venían contra nosotros, corriendo como alma que lleva el diablo...
Al presenciar tal escena obviamente creerías que posiblemente algo mal estaba pasando, qué algo horrible había ocurrido, y a causa de éso todos saldrían corriendo. Y así es pero no de la forma en qué éstas pensando. Ésas ''personas'' tenían algo... algo dentro de ellas... algo totalmente oscuro... algo profundamente demoníaco...
Sus ojos éran totalmente negros, cómo la misma sombra que te observa por las noches. Sus dientes éran como de la misma bestia que se prepara para devorarte, al igual que su hambre y energía voraz, más que lista para arrancarte la carne de las entrañas... y beber hasta la última gota de tú sangre en cuestión de segundos.
No veía rastro de mi familia, estaba completamente sola y abandonada cómo cuando el diablo te visita. No tenía otra opción más que la muerte, pues veía qué el alma negra de aquellos mefistóles salían con cada mordida que contagiaban.
Éra algo infernal y aberrante, pero en el fondo sabía que la muerte era mi única salvación. No tenía más tiempo de pensar en una muerte más patética, simplemente até una cuerda a mis pies, y me lancé desde el otro extremo del precipicio para tratar de sobrevivir colgando, pero... no funcionó, fuí tan estúpida para no pensar que mi cabeza estallaría contra una piedra en cuestión de segundos, todo fue tan rápido que ni siquiera lo había pensado.
El concepto de muerte éra muy diferente al que todos me habían contado; éra como si ácido muriático penetrara tus fosas nasales, hasta llegar a la asfixia y perder la vista entre visiones borrosas y llegar a la oscura inexistencia. En cuanto al dolor del impacto cerebral; era como si una avispa te picará la parte frontal del cráneo incrementado por un millón de veces.
Pero mi infernal sueño no termina aquí. Entre aquellas horribles visiones, veía el rostro de mí prima tratando de salvar mi alma. Escuchaba sus plegarias para salvar mi vida y purificar mi alma. pero mi espíritu aún seguía perdido bajo las tinieblas.
Al despertar, mi familia estaba junto a mí. Éra de noche y todos platicaban con emoción entre la oscuridad de mí habitación Por supuesto, estaba feliz de que todo había resultado ser un sueño, pero algo estaba mal, mi familia nunca venía a visitarme... y mucho menos para platicar conmigo a mitad de la noche.
Todo parecía tranquilo, hasta que una luz descaradamente resplandeciente entró por mi ventana, ''parecía tan real'' pensé y me acerqué para ver que demonios estaba pasando, iluminaba toda la calle del vecindario y se hacía más grande conforme al tiempo. Los vecinos salieron con cara de eterna frustración y al mirar a los cielos... comenzaron a correr como viles insectos desesperados por sobrevivir.
Fuese lo que fuese, no me atreví a mirar lo que hubiese allá arriba... porqué sabía que simplemente era algo muy malo. ¿Aliens? quizás, esa palabra pasaba por mi cabeza, pero cuando sentí como la carne de mi piel se fundía poco a poco del intenso infierno que se estaba sintiendo sabía que definitivamente era el final.
Las personas corrían para tratar de salvar su vida, y a medida que el tiempo pasaba las llamas en mi cuerpo se iban incrementando rápidamente, nuevamente el ácido muriático había regresado pero ésta vez sobre todo mi cuerpo. Era un dolor extremadamente fuerte, como si de ponerle alcohol a una llaga se tratase.
La luz se volvía aún más cegadora entre la noche, hasta que después de unos segundos una roca del tamaño de un estadio destruía absolutamente todo conforme a su paso.
El fuego se incrementaba y se extendía cada vez más rápido.
Mientras que el calor del infierno consumía la carne de los vivos.








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